miércoles, febrero 15, 2006

LA PEOR NOVELA DEL MUNDO (2º Parte)

"¿Y ahora qué?" se dijo mientras miraba fijamente el telefonillo. ¿Abro o no abro? ¿Miento o digo la verdad? Un nuevo zumbido del timbre le despejó las dudas. Puede que fuese tímido pero lo que nunca había sido en su vida era cobarde. Iba a afrontar la situación de la mejor manera posible.

ALFONSO: ¿...Sí...?
MARLENE: ¿Isra? Soy yo, ábreme que hace frío

Ya estaba. Ya no había marcha atrás. Había pulsado el botón y en el descansillo de la escalera el ruido típico y rutinario del ascensor se tornaba en música de suspense. En breves segundos tendría que inventar, entretener y convencer a una mujer cuyos sentimientos estaban siendo usados de la forma más cruel por el que decía ser amigo suyo. Realmente estaba asustado. De todos modos no tuvo pudor en mirar su facha delante del espejo y comprobar, una vez más, que no se sentía preparado para estar con una mujer. Ni siquiera con una mujer de pega, de esas que no se tenía que ligar.

El ascensor llegó hasta el 6º piso. La puerta se abrió y el corazón de Alfonso empezó a golpear con fuerza. Estaba muy nervioso. Estaba tan nervioso que había olvidado abrir la puerta del apartamento para que la mujer entrase. "Pues sí que empieza bien el recibimiento" pensó. El timbre sonó dos veces y él abrió la puerta.

MARLENE: (Visiblemente sorprendida) ¡¿Hola...?! ¿No está Israel?
ALFONSO: Eh...no...bueno sí...¡hola! Bueno...pasa, pasa

Ambos se adentraron en el piso con parecidos pensamientos: ella quería una explicación y él tenía que inventarse esa explicación.

MARLENE: ¿Cómo es que no está en casa Israel?
ALFONSO: Bueno realmente sí que está. Ha bajado un momento. Viene ahora.
MARLENE: ¿Un momento a qué?
ALFONSO: Realmente no me lo ha dicho. Sólo dijo que vendría en seguida.

No se lo podía creer. De todas las mentiras que se le pasarían a cualquier persona por la mente en una situación parecida, ésta posiblemente era la peor de todas. ¿Cómo iba a justificar la ausencia de su amigo cuando fuese pasando el tiempo? Y peor aún ¿cómo iba a justificar la llegada de su amigo cuando éste llegase? Pero la suerte ya estaba echada así que intentó ser él mismo.

ALFONSO: ¿Quieres tomar algo o ver algo o hacer algo o tomar algo...?
MARLENE: No estaría mal que me dijeses como te llamas
ALFONSO: Bueno, es verdad. Me llamo Alfonso soy amigo de Israel (extiende la mano a modo de saludo)
MARLENE: Yo soy Marlene...eh...(dudando que decir) amiga de Israel
ALFONSO: Ya, ya lo sé
MARLENE: ¿Cómo que ya lo sabes? ¿Qué te ha contado de mí?
ALFONSO: Bueno sé que eres la...la...la novia de Israel ¿no?
MARLENE: (Sorprendida) ¿Eso te ha dicho? Bueno podría decirse que sí
ALFONSO: (Creyéndose su propia mentira) ¿Y qué tal os va?
MARLENE: Bien, la verdad...nos vemos sólo por semana pero bien...

De repente, nada más decir estas palabras, el tono de Marlene cambió. Había dejado de mirarlo a los ojos y esquivaba su inocente mirada. Estaba empezando a sentir ganas de llorar. Rápidamente salió disparada al baño. Alfonso se quedó de una pieza. Era evidente que sus patrañas no habían convencido a Marlene y ésta se había ido al baño a llorar. No sabía que hacer. Realmente no tendría porque hacer nada. Él tan sólo era un actor secundario reclutado a última hora para el culebrón en el que su amigo vivía. Pero su interior y el amor por las personas conocidas o no, le hacía sentir que tenía que ir a ver que le pasaba a esa chica. ¡Y qué chica!. No podía entender como alguien podía jugar con los sentimientos de aquella preciosidad.

En ese momento supo que tenía que saber que le pasaba. En el mejor de los casos podría haberse encontrado indispuesta en ese momento. Él tenía el papel de anfitrión y. como tal, tenía que saber como se encontraba su invitada. Golpeó levemente la puerta del baño esperando una respuesta pero nadie contestó. Supuso que tendría que hablar.

ALFONSO: Eh...¿estás ahí?
MARLENE: Claro que estoy aquí ¿dónde sino?
ALFONSO: Bueno, me refiero a sí estás bien

La puerta se abrió. Ella, con los ojos aún llorosos de haber derramado lágrimas, fijó su mirada en él. Era una mirada fría de esas que te echa un conductor de autobús cuando le das un billete de 10 para pagar un importe inferior a 1 euro. Hubo unos segundos de silencio antes de que ella hablase.

MARLENE: No soy tonta ¿sabes? Sé que Israel no va a venir y sé que no va a venir porque está tirándose a otra. No sé que te habrá prometido o que clase de persona eres para contar la sarta de mentiras que me has contado pero que sepas que no me has engañado.
ALFONSO: Joder...si es que yo...a ver él me dijo...
MARLENE: Déjalo en serio. ¿Sabes lo peor de todo? Que me he acostumbrado. Me he acostumbrado a ser su polvo de entre semana mientras que sábado tras sábado se inventa excusas para no verme. Pero ser segundo plato por la semana también, realmente si que me toca el alma. Me siento sucia...(rompiendo a llorar)

Todavía hoy no sabe porqué pero la abrazó. De repente se vió envuelto en un abrazo que, por lo prolongado, acabó derivado en un beso leve de él en la mejilla de ella.

MARLENE: (entre sollozos) Vaya...pensé que te daba asco como para tener que darme la mano al conocerme.

Él la volvió a abrazar. Esta vez el abrazo fue menos intenso pero, al separarse, notó algo raro. Se estaban mirando a los ojos. Había algo en esa mirada que ambos se estaban echando. ¿Deseo? ¿Pena? ¿Remordimientos? ¿Dulzura? No. Era una mirada de pasión. La química estaba fluyendo por ambos cuerpos como fluye la sangre en primavera. Era el momento. Ahora o nunca.

Y se besaron. Y volvieron a besarse. Y no se escuchó en los siguientes minutos nada más que el susurro de la pasión. Y llegaron al sofá. Y ella no podía despegarse de él y él no quería despegarse de ella. Y se empezaron a quitar la ropa. Y solamente cuando terminaron de hacer el amor, él pensó en si aquello había sido una traición o una lección a su amigo. Esa noche la terminaron paseando y prometiéndose llamarse al día siguiente.

(............................................................)

Eran las 5 de la tarde cuando Marlene volvía a entrar en el apartamento de Israel. Éste la recibió sentado en el sofá mientras se fumaba uno de sus innumerables cigarros.

ISRAEL: Vaya, a buenas horas apareces
MARLENE: No sabes la de tráfico que hay en esta ciudad
ISRAEL: ¿Todo bien?
MARLENE: Ya te enterarás pero creo que no hay queja
ISRAEL: 90 ¿no?
MARLENE: 110 que fue más de lo acordado
ISRAEL: Joder...bueno espero que haya merecido la pena
MARLENE: En todo el tiempo que llevo en esto nunca había visto un caso como el vuestro
ISRAEL: Tampoco es una cosa tan rara
MARLENE: No sé mi amor, pero ¿no tendrás en otra cosa que gastarte el dinero que en pagarle un polvo a tu amigo?
ISRAEL: Es que...ya llevaba tiempo de más siendo virgen y quería que su primera vez fuese romántica pero que no se enamorase de la persona con la que se estrenase.
MARLENE: Bueno...eso ya no es competencia mía. Si quieres algún otro servicio ya sabes donde estoy. Hasta otra.
ISRAEL: Hasta luego.

En ese momento sonó el móvil de Israel. Era Alfonso.



FIN

6 comentarios:

Anónimo dijo...

curioso final. el amigo un cabroncete.

La cortesana del Sr. Marques de Ponte-Salgueiro

enigmatica dijo...

bueno...he de decir q no me ha decepcionado...aunque bueno...mi idea de la amistad en estos momentos me impide contestar cosas razonables...muakk primo

Anónimo dijo...

sin duda alguna, el talento novelistico,lo empleaste en el titulo,que hace justa mención a la novela.

:::laeva::: dijo...

no me gustó el final!!! me parece muy bien la muestra de amistad...pero lo peor de todo es q se quede ahi...QUIERO AMOR!!! ya q no lo hay en mi vida q lo 'haiga' en un texto en el q me sumerjo y que me hace olvidar la realidad un rato...lo peor de todo..una palabrita: FIN
hasta luego astro...MUA!

Anónimo dijo...

lagartona dice....
bonito final, bonito gesto de amistad y ego masculino, pero... seguro que eso va a mejorar la autoestima de ese muchacho ? no sé yo....
he de decir que escribes bien, jodío !!
besotes lagartones

Iván dijo...

Previsible.
De hecho, en mis tiempos de virgen-que-no-se-come-una-rosca fantaseaba con la posibilidad de que algún amigo se apiadara de mí y me hiciera alguna parecida. No hubo suerte.