sábado, diciembre 24, 2005

27 AÑOS MANTENIENDO EL ESTILO




Queridos niños y niñas:

Hacía tiempo que quería regalaros algo y que mejor día que esta Nochebuena para brindaros un relato que, quizás no es lo mejor de mi cosecha, pero sí es de los más reales y curiosos de mi vida.Y, como estamos en estas fechas en las que hay que ser bueno, voy a narrarlo como si de un cuento de Navidad se tratase.Espero que os guste:

"Había una vez un chico que trabajaba los fines de semana en una sala de máquinas de una calle muy céntrica de, a su vez, una norteña ciudad de ese país que antaño fue un imperio llamado España.

El chico era feliz en ese trabajo porque había estado en otros puestos y no le convencían las condiciones pero aquí sí que le respetaban y se hacía respetar por compañeros y jefes.Y, quizás en compensación por ello, él hacía el turno de sábados y domingos del modo más entusiasta posible.Su trabajo era bien sencillo: dar cambio al público y limpiar las máquinas que se usaban.Con el paso del tiempo nuestro amigo le fue cogiendo apego a la gente que se acercaba a la sala y, desde su infinita imaginación, trataba de imaginar como serían las vidas de esas familias en las que tantos minutos perdía fijándose en detalles.

Una tarde que no había demasiada gente, una vagabunda que siempre solía estar en los portales de la zona intentó acceder a la sala para, al atravesarla, ir a dar a otra parte de la ciudad.Nuestro protagonista ya había sido advertido de que, en caso de que este hecho sucediese, rogaría a la señora que no avanzase por la sala adelante con el fin de que ésta no se metiese con la clientela ni dejase rastro del profundo hedor que ésta desprendía.Y así fue.La señora ante los ruegos del chico y, tras insultarlo de manera lasciva, no tuvo más remedio que pasar a la otra zona de la ciudad por un callejón que estaba a unos 10 metros de la sala.El chico no se sintió bien al hacerlo pero sabía que había hecho lo correcto.

La tarde avanzaba monótonamente entre narraciones de partidos de fútbol de la radio, cambios, vaciles, sonrisas y alguna que otra lágrima de esos niños que juegan para demostrar en casa que son algo más que una boca que alimentar.Nada parecía pertubar esa tranquilidad.De pronto, el muchacho advirtió que la señora trataba de acceder a la sala esta vez desde la otra puerta de cristal con el fin de lograr el anterior objetivo pero de manera inversa.Rápidamente se dirigió a la puerta e imploró a la señora que cesase en su intento de acceso a lo que esta respondió con un simulacro de agresión ayudándose de un paraguas.Ante esta situación no tuvo otro remedio que cerrar esa puerta con llave.El peligro parecía haber pasado.

Pasado un tiempo y al acercarse a la puerta, nuestro amigo pudo comprobar el resultado de intentar cumplir órdenes ajenas: la luna de cristal estaba llena de salivazos.Impotente ante este hecho se lo comunica a sus superiores recibiendo la indiferencia por respuesta.El único consejo recibido fue el de dar parte a la policía.Y eso fue lo que hizo.Y tampoco lo ayudaron.Es más, el agente en cuestión además de hablarle en un idioma que desconocía, se mofó de su denuncia.Estas situaciones relatadas ocurrieron casi de manera idéntica durante 3 fines de semana.

La primavera empezaba a tocar su fin y ese trabajo en el que nuestro amigo había puesto todas sus esperanzas de repente, y sin razón ninguna, se terminó.En ese momento sintió mucha frustración.Demasiada quizás.Pero el caso es que había que continuar la vida.Vió a la señora un par de veces y la insultó e humilló quizás tratando de culparla de la no renovación de su contrato.

Una mañana esperando la llegada de uno de sus ex-superiores volvió a ver a la señora.Seguía con la misma pinta y se dirigía hacia él.Nada bueno se intuía éste.Sin embargo, la señora se limitó a pedir un cigarrillo y a preguntar por la fecha de la boda del Príncipe Felipe.Perplejo ante la cuestión que le planteaba la señora, contestó y miró para otro lado.Ella, después de recibir la respuesta, dedicó unos calificativos no demasiado hermosos hacia la mujer del Prícipe lo cual hizo reir a nuestro protagonista al estar de acuerdo con ella.

Hoy en día, se ven de vez en cuando (casi siempre de madrugada) y ella le sigue pidiendo un cigarrillo a pesar de que sabe que no fuma y él le sigue preguntando por Letizia sabiendo que los insultos que ella mascuye le harán recordar esta historia una y otra vez con una sonrisa en los labios.Ella dirá lo hermoso que él es y lo bien acompañado que va siempre y él sonreirá y, si se tercia, la invitará a un chocolate caliente que tan bien sienta en estas épocas de frío.

MORALEJA: A veces el cariño más sincero proviene de desconocidos.






La chica de hoy es... Marta Botía



La frase de hoy es...
Feliz Navidad a tod@s los lectores de este, vuestro blog



La canción para hoy es... Podría volver (Los Planetas)



La pregunta para hoy es... ¿Conoceis a alguien que le haya tocado (pero de verdad) la lotería de Navidad?

4 comentarios:

Maxi dijo...

Feliz Navidad...

Anónimo dijo...

A mi me toco, 100 eurines entre 3 , pero me toco de verdad, jejejeje.


Bonito relato, y preciosa la delicadeza con la q lo cuenta.


Feliz Navidad!

Anónimo dijo...

me gustó el relato, parecia un cuento de Navidad.
No conozco a nadie que le tocase la loteria del niño,¿será una quimera?.
A mi padre le tocaron en la loteria nacional 2 kilos(PESETAS), me relaló 100.000 pesetas.
lo cuento todo es pesetas por que no existia el euro, y me gustaba más.
sabela.

Anónimo dijo...

lagartona dice....

he sonreido al leer tu relato navideño, tan real como cercano, tan dramático como sincero
gracias por hacerme un poquito partícipe de él

conozco gente que le tocó la lotería y que siguen siendo tan ruines como lo eran antes, conozco otros a los que les toca una minucia y son los más felices del universo. este mundo siempre con sus contradicciones......

Feliz Navidad
aunque sea con retraso.....

besotes lagartones navideños